Diez consejos para leer en francés

No tengo facilidad para los idiomas y soy una lectora lenta. Combinación poco ventajosa.
Pero sí soy metódica e hiperanalítica, por lo que terminé elaborando mi propia teoría sobre cómo empezar a leer en francés (o en cualquier idioma que estés aprendiendo).

Leer en papel
Lápiz en mano para poder subrayar las palabras que no entiendas o las frases que te resulten interesantes y los modismos que no conocías, no puede reemplazarse con ninguna aplicación digital.
Hay algo en escribir a mano y en la comodidad del libro, que hacen que uno avance en la lectura y en la comprensión de textos de una forma mucho más intensa y concreta.
Ya van a tener tiempo para el ebook y para no marcar libros, por ahora es cuestión de empezar… y de avanzar.

Usar el diccionario
También habrá un tiempo para saltearte las palabras que no entiendas y seguir de largo, pero no es ahora. Al principio, digan lo que digan, vas a necesitar el apoyo de tu mejor amigo: el diccionario. Puede ser una aplicación en tu celular, como Wordreference, rápida y fácil de usar, que te va a permitir ir buscando las palabras que no conozcas sin demorarte en el hilo de la historia.

Buscar un libro para tu nivel
En esto te puede ayudar tu profesor, pero un poco vas a tener que confiar en tu instinto. Un tip: las librerías para niños y jóvenes suelen tener una buena variedad de títulos interesantes para principiantes. Puede fallar, pero en términos generales lo que esté orientado a personas de 12 a 17 años puede ser una buena idea para empezar. De hecho, vas a encontrar una cantidad de libros que no están especialmente pensados para ellos pero que son los primeros títulos adultos que suelen leer y por eso los venden en esas librerías.

No ser snob
Ya vas a poder leer ese clásico-inaccesible-pretencioso que hizo que te enamoraras de esa lengua, pero por ahora mejor buscá un best-seller. Algo que sea lo suficientemente simple como para que puedas empezar, pero lo suficientemente interesante para que quieras avanzar. Un ejemplo: La vérité de l’affaire Harry Quebert, de Joël Dicker, si tienen un nivel B1/B2, o Demain j’arrête!, de Gilles Legardiner, más corto y un poco más simple.

No caer en prejuicios
Me refiero específicamente a los prejuicios sobre la dificultad de leer un determinado autor o libro. Incluso para quienes el francés es la lengua materna, no es fácil determinar la dificultad de algo que leyeron a alguien que va a leerlo como lengua extranjera. Cuando empecé À la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, pensé que me estaba enfrentando a un defafío enorme. Sin embargo, el estilo correcto de Proust y su gramática impecable y sin atajos, hacían que su lectura fluyera sin complicaciones, mientras que cuando leí La femme rompue, de Simone de Beauvoir, tuve que lidiar con esa escritura en primera persona retratando el pensamiento caótico de una mujer rota que me demandaba un nivel de concentración (y de relectura) enorme.

Seguir un autor
Por amplio que sea el vocabulario del autor o rico sea su estilo, hay algo que se mantiene libro tras libro. Esa repetición va a hacer que lo que en su momento aprendiste, ahora se asiente y dé paso a lo nuevo que ese autor tiene para ofrecer.
Igual cuidado, hay autores muy desparejos, como Anna Gavalda, que cuando leí Ensemble, c’est tout me encantó y después el resto me pareció evitable (y conocí gente que coincide exactamente con esto).

Cambiar de autor
Va a notar que un autor se agotó, sentís que ya no hay más por explorar… es el momento de intercambiar libros con tus amigos y buscar un nuevo autor, o incluso un nuevo género, para iniciar un nuevo ciclo (y sentir que avanzás, de paso).

Leer por la mañana
No necesariamente a primera hora, pero es muy importante leer cuando todas tus neuronas estén atentas. No sumemos dificultades innecesarias, usemos lo mejor de nuestra atención y de nuestra memoria, para aprovechar al máximo de la lectura que en un primer momento será lenta y frustrante, pero que muy pronto comenzará a ser más y más fácil y natural.

Revisitar las primeras páginas
Vuelvan a ver lo que subrayaron al empezar, sonrían y felicítense porque muchas de esas palabras que no conocían ahora forman parte del vocabulario corriente y no pueden creer que alguna vez tuvieron que buscarlas en el diccionario.

Leé tu libro favorito
Seguramente hay un libro que amaste y leíste traducido al español. En cuanto llegues al nivel mínimo necesario para encararlo, date el gusto. La relectura siempre es más simple y hay pocas cosas tan lindas como leer a tu autor favorito en su idioma y en las palabras exactas en las que escribió.
A veces podés descubrir que el libro tenía un ritmo y una rima que no imaginabas. Una melodía casi imposible de traducir y que va a hacer que te vuelvas a enamorar de la lectura.

Espero que estos consejos les sirvan. Buena lectura 🙂

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